miércoles, 21 de enero de 2009

El Paraíso De Las Hormigas

Como es de esperarse, la casa es un total desorden. No limpio hace semanas y hay ropa tirada por todos lados. Me dispongo a limpiar, de una vez por todas, pero por alguna razón no puedo hacerlo. No se a quién culpar ni a quién recurrir, pero pienso que definitivamente alguien debe hacerse cargo de mi gran desorden.

No es que en realidad me fastidiase mucho. He visto departamentos mil veces mas desordenados y descuidados que el mío, pero lo cierto es que cada vez se vuelve más difícil hallar el cartón de leche y las galletas entre el imperante desorden que reina en la cocina. Es complicado darse cuenta que, entre ese caos de polvo y alimentos regados por todos lados (muchos de ellos incluso a punto de vencer) existen quienes hacen de todo ello su mundo, su hogar; y que sin darme cuenta del todo, había dejado de ser el dueño exclusivo de aquel pequeño departamento.

Aún no recuerdo exactamente cuando aparecieron, o más bien, cuando me empecé a dar cuenta de su presencia. Quizá ellas hayan llegado mucho antes que yo, lo cual me pondría en la jodida condición de intruso. Lo cierto es que ahí andaban y vaya que se hacían sentir. Creo que todo empezó un domingo por la mañana, cuando decidí salir de cama y desayunar en un lugar donde rara vez lo hacía: la mesa del comedor. Fue entonces cuando decidieron aparecer. Y yo no estaba listo en absoluto.


Hormigas. Desfilando a paso firme sobre el piso del comedor. Decididas -con una voluntad envidiable- a comerse y llevarse lo que quedaba dentro de la bolsa de galletas que había dejado sin cerrar del todo. Las vi detenidamente, por algunos segundos, antes de llevar la bolsa a la basura y olvidarme del asunto. Total, eran solo unas cuantas pequeñas hormigas y punto.

Gran error.

Quizá se sabían subestimadas, quizá se encontraban heridas en su amor propio o quizá, como mucha gente por esos días, solo trataban de darme una lección. El punto es que su número aumentó velozmente y ya era difícil no notarlas. Estaban ahí cuando le daba de comer a mi gata, estaban ahí cuando yo iba a comer, estaban ahí cuando limpiaba y cuando dormía. Y ya eran una mayoría, pequeña quizá, pero mayoría al fin y al cabo.

Decidí acabar entonces con el problema de raíz, y me procuré adquirir el spray más asesino del mercado. Calculando bien mis movimientos, y las zonas en las que -según yo- podrían haber formado sus colonias, rocié sin piedad y me bajé casi media lata de insecticida sin pensar en el gran daño que le estaba haciendo al planeta. Lo único que yo quería era que nada, ni nadie, siguiera dañando mi paz y mi recién encontrada soledad.

Lo que vino después fueron semanas de paz, sin ninguna presencia extraña en ninguna de las habitaciones del departamento. Podía comer en paz, y dejar el yogurt destapado sin el riesgo de encontrarlo infestado minutos después. Me relajaba pensando en que había sido una estrategia estupenda el recurrir sin contemplaciones al matabichos, que me permitía disfrutar mis días sin insectos indeseables. Sin duda esa jugada maestra me había hecho ganar la guerra por knockout.

Cantando victoria me encontraba, cuando una noche -oyendo a Sir Elton John- la computadora se apagó y no encendió más. También se está tomando vacaciones, pensé riéndome, imaginando que la muy cabrona encendería a la mañana siguiente. Tampoco quiso esa mañana. Jodido y aburrido, no me quedó más que llevarla a reparar al centro, en un lugar de dudosa reputación (el dinero no me alcanzaba para más)

El técnico -de quién no me consta tuviese dudosa reputación, pero que lucía un bigotín de villano de dibujos animados- me djo, preocupado, que tendría que hacerle una revisión general para detectar el problema. Le di a regañadientes 30 soles de garantía y le dejé mi número de teléfono para que me contactara a penas diera con la falla. Prometió hacerlo, a más tardar, ese mismo día por la noche.

Llegue a casa y me tomé una coca cola helada. Aburrido, sin encontrar nada que hacer, me tiré a la cama a dormir la siesta. Me despertó el teléfono. Aturdido contesté y reconocí a duras penas la voz del técnico del bigotín, quien emociondo y en un lenguje difícil, me explicaba el por qué de la falla en mi computadora: "he encontrado numerosos insectos, joven amigo, hormigas, ciñéndonos a los avatares de la biología. Si me permite, joven amigo, arreglar la falla no le sadrá nada barato, ciñéndonos al aspecto económico, mire usted."

Le digo, incrédulo, que no cuento de momento con el dinero para la reparación y que no toque nada. Que iré a recoger la máquina por la mañana y le daré una propina por la limpieza y detección del poblema a tiempo, como había prometido. Cuelgo y, jodido, me siento un poco ridículo por lo que ha ocurrido. Seguramente, huyendo del matabichos, las hormigas no encontraron un refugio mas cálido que las grietas de la computadora y ahí, salvando sus vidas, me dieron el golpe final, ciñéndonos al aspecto de la guerra que yo -cojudamente- pensaba ganada.

Cuando encontré un pequeño grupo de ellas rodeando el pico de la botella de coca cola que había dejado en la mesa, las dejé estar. No moví ni un dedo para matarlas. Entendí que habían guerras que uno también tenía que perder, y pensando en el dinero que me hacía falta para reparar mi máquina, sonreí recordando aquél dicho de que si no puedes contra ellas, úneteles, y comprendí que el departamento ya no me pertenecía, sino que ahora era solamente un jodido inquilino con un alto precio a pagar.



m12






















miércoles, 7 de enero de 2009

Las 28 Del 2008

Siguiendo la vieja tradición de postergarlo todo, e incluso tomándose tiempo después de Bajada de Reyes, El Doce da una muestra de por qué el 2008 ha sido el mejor año de su vida. (¿Y el pesimismo?)


1. En el 2008, acompañado de mi novia, decidí ir a otro país luego de pensarlo muy bien. O quizá sin pensarlo lo suficiente.

2. En el 2008 salvé un par de veces la vida, debido a 2 accidentes de tránsito.

3. En el 2008 vi por primera vez un espectáculo de lucha libre. Y conocí al viejo, a The Undertaker.

4. En el 2008, bajo la influencia, redacté mi primer currículum. Y salió cortísimo.

5. En el 2008 me sentí muy gay, al crear una cuenta de Facebook.

6. En el 2008, juntó a mi gran amigo David, pude ver por primera vez a la U dar una vuelta olímpica. Poco importó que a fin de año fuera otro equipo el campeón nacional.

7. En el 2008 pasé mi primera entrevista de trabajo real. Y conseguí mi primer trabajo real, en un vestuario muy glamoroso.

8. En el 2008 empecé a escribir Doce Rosas, sin visos de terminar pronto.

9. En el 2008 volví a La Chacra. ¡Y fue excelente!

10. En el 2008 pude leer y ver El Búfalo de la noche. Y nada fue igual desde entonces.

11. En el 2008, en medio del tráfico y rodeado de choferes impacientes, Tongo me regaló un pedazo de La Pituca en inglés. Todo a capella. Me arrepiento aún de no llevar una cámara conmigo en aquel instante.

12. En el 2008 un ángel cuidó de mi en varias ocasiones. Es todo lo que diré al respecto.

13. En el 2008 se dió la llegada de la WWE a Lima. Con la compañia de mis hermanos Javier y Eduardo, luego de muchos empujones, golpes y angustias, pude saludar de puño a Mr. Kennedy y estrechar por un instante la mano de la leyenda, The Heartbreak Kid, Shawn Michaels.

14. En el 2008, con mi primer sueldo, decidí en lugar de pan francés, comprar una figura de Eddie Guerrero.

15. En el 2008, completamente atormentado, le escribí un correo sentimentalón a mi escritor favorito. Recibí respuesta a los pocos días.

16. En el 2008 comprendí que estaba enfermo. Y que lo más probable era que vaya empeorando con el tiempo.

17. En el 2008 me hice un par de tatuajes. Extrañamente, ambos, referentes a animales.

18. En el 2008 compré mi primera botella de Jack Daniels. Y lloré por desamor.

19. En el 2008 mi escritor favorito lanzó una nueva novela: El Canalla Sentimental.

20. En el 2008 me di cuenta que, en realidad, el canalla sentimental siempre sería yo.

21. En el 2008 supe lo que era el terror, cuando le detectaron un tumor a mi madre.

22. En el 2008 estrenaron The Dark Knight. Sin palabras.

23. En el 2008 toqué el piano por primera vez.

24. En el 2008 miré al cielo, cerré los ojos, y canté: “This avalanche/I’m not afraid/Come on/Come on/No one can see me cry” con R.E.M.

25. En el 2008 supe que a pesar de las dificultades, el veneno, y los odios que me rodean, sigo siendo el mismo tonto de siempre.

26. En el 2008 supe que ser un olmo y no dar peras no es nada malo. Me gusta ser un olmo.

27. En el 2008 vi a Melania Urbina. No recuerdo jamás haberme puesto como me puse por ninguna persona, animal o cosa.

28. En el 2008 sospeché, con algo de ironía, que jamás conseguiría ser escritor.





domingo, 4 de enero de 2009

Manuel Decide Escribir

Manuel no sabe que carajos hacer con su vida. Vive solo, no tiene un empleo fijo y odia, en secreto, a casi todo el mundo. Duerme más de 10 horas diarias, es sentimentalón y adicto a la Coca-Cola. Un caso perdido.


Habiendo gastado casi todos sus ahorros en conciertos, fiestas y comida (para él y su gata) Manuel se ve obligado a pensar en conseguir un empleo nuevamente. Su último empleo fue en un programa de televisión que llegó a su fin luego de un par de temporadas exitosas. Manuel pensó haber juntado suficiente dinero para estar tranquilo por buen tiempo. Se equivocó. Ahora tenía que enmendar ese error de cálculo de alguna forma. De cualquier forma.


Haciendo lo que suele hacer cuando no sabe que hacer, se anima a mandarle un correo a su escritor favorito, quien a su vez es un famoso conductor de televisión. Probablemente debido a lo apretado de su agenda, al calor infernal que hacía en la ciudad por esos días(1), o a las toneladas de correos similares al de Manuel que le llegaban a diario; el escritor famoso no responde el correo de Manuel.






Como todas las cosas importantes en la vida, o al menos, en la vida de Manuel, la respuesta sobre que hacer llegó de casualidad. Y por messenger. En una conversación con un viejo amigo y mientras oía The Pixies, Manuel recibió la propuesta. Y no le desagradaba del todo. Obvio que al inicio lo tomó por sorpresa y estuvo dudoso, a punto de declinar. Aunque muchas otras alternativas no le quedaban. Podía aguardar a que se cumpla la promesa de su antigua jefa de que de todas formas iban a darle empleo otra vez, podía intentar hacerse actor, malabarista, incluso stripper(2) de ser necesario (¿Qué era desnudarse un par de horas y bailar con tal de seguir durmiendo 10 horas diarias?) Él, que era oportunista por naturaleza, sabía que le convenía intentarlo.


La propuesta era simple: iniciar un blog y postear crónicas de actualidad y relatos cortos sobre cualquier tema. Si era sobre temas de moda, sexo o cumbia, mejor aún. Manuel pasó años criticando a los bloggers y comparándolos a las chicas que usan ropa cortísima en discotecas, desesperadas por atención. Le resultaba gracioso ahora, después de tanto tiempo, verse seducido por darle un intento a escribir y mantener un blog.


Sin saber sobre ortografía, puntuación, manejo de tiempos, figuras, construcción de personajes y un larguísimo etcétera, Manuel empezó con un blog que actualizaba una vez a las quinientas y que, peligrosamente, revelaba muchos aspectos privados de su vida, pero a la larga, sabía que no existía gran riesgo en ello debido a una simple, poderosa e invariable razón: nadie lo leía.











(1) El calor infernal embrutece, cansa y puede motivar intensas ganas de cometer crímenes de toda naturaleza. Está científicamente probado.





(2) Manuel se presentó a un lugar y pasó una prueba para ser stripper. Jamás lo llamaron. Teme que publiquen sus fotos en Cholotube.