Lloro no cuando me siento muy triste, sino, cuando me siento completamente confundido. Y me siento completamente confundido muy seguido. No lloro por soledad, ya que siempre hay gente ahi, a pesar de lo malo o tonto que uno pueda ser. Lloro porque justo la persona que quiero anda lejos, porque se ha borrado. Lloro porque en el fondo se que yo alejé a aquella persona. Lloro porque los errores son difíciles (imposibles) de deshacer.
Lloro cuando mi madre me cuenta a través del teléfono y a varios kilómetros de la ciudad, que tiene una enfermedad que se puede complicar si no la operan a tiempo. Ella se hace la fuerte, me dice que tiene plena confianza en los doctores, logra calmarme y piensa que no me doy cuenta de lo que hace. Al colgar, ella también llora.
Lloro cuando mi chica miente y me dice que se alejará porque las cosas no andan bien. Lloro porque ya me enteré que hay un nuevo chico que le agrada, y porque ella no tiene la confianza para decirmelo de frente (quizá porque piensa que me pondré a llorar) Lloro; y me río un poco también, cuando recuerdo que yo fui el que los presentó.
Lloro porque casi todo el mundo etiqueta a las personas. Porque mi jefe, mis amigos, la chica que quiero y la familia que tengo, me han puesto, todos ellos, diversos tipos de etiquetas no necesariamente certeras. No los culpo: me cuesta abrirme del todo y dejarme conocer sin utilizar sustancias. El hecho de ser tan cerrado me ha costado muchas cosas, y obviamente, también me ha hecho lloriquear como un crío.
Lloro por los amigos que perdí, pero mucho más, por los que andan cerca y lejos a la vez. Es duro darse cuenta que uno ha sido demasiado terco y que los amigos -por más buenos que sean- también saben darse por vencidos. Lloro a dúo, cuando alguien que quiero, sufre. Soy torpe con las palabras. Es mi forma de decir "me importa"
Lloro al recordar lo cobarde que fui al no querer ser papá. Lloro al pensar también en lo que hubiese sucedido si es que llegaba a serlo y se que es algo que jamás podré olvidar. Aprendí que llorar no es nada malo, y también que muchas veces, la vida no alcanza para decir lo siento.
Lloro cuando no puedo recordar rostros y cosas importantes que pasaron en mi vida. LLoro, con mucha más pasión, cuando no puedo olvidar las cosas malas del pasado. Lloro cuando no me aguanto a mi mismo, cuando no logro recordar donde puse algún billete de 50 soles, cuando me callo lo que debo gritar, cuando bebo en exceso y oigo a Nino Bravo. Cuando la U pierde alguna final no lloro, mas bien, gimoteo con mucho dolor.
Eso si, después de llorar, trato siempre de escribir.

El negro cebolla, jajaja cada post mejor!!!
ResponderEliminar