Son casi las 3 de la mañana y has venido para acostarte conmigo. Eso lo sabemos bien tu y yo. A mi me sorprende un poco, debo confesártelo, que quieras compartir mi cama sabiendo que estoy hecho mierda sentimentalmente, que no tengo mucha esperanza en mi baúl y que no puedo seguir haciendo promesas que no puedo cumplir. No me hablas, solo me miras. Miras la cama. Sonrío y no puedo resistirme más.
Nuestras vidas se cruzaron por casualidad. No se como lo sentiste tú, pero yo me cagaba de miedo. Miedo a que nunca nos lleváramos bien del todo, miedo a que no pudiéramos entendernos (como suele ocurrirme) y tu parecías no tener miedo a nada. Lo que más recuerdo de esos días es que yo te hablaba mucho, incluso aun cuando tu no me escuchabas y solo querías dormir un poco más.
Muchas personas se opusieron a nuestra relación, pero luego de conocerte un poco, se dieron cuenta de que eres encantadora. Ojalá no te joda que te diga que eres encantadora, porque a pesar del tiempo transcurrido, aún pienso que lo eres. Cuando todo comenzó te dedique una canción de Eminem medio caleta, pero que a mi me gustaba mucho (asu-que-romántico) Creo que eres la única en el universo que podía apreciarla al igual que yo. En noches en que no puedo verte, sigo oyendo '97 Bonnie & Clyde y te siento cerca.
Pasa la noche conmigo, bonita; te canto, y tu no sonríes. Me miras como diciendo "no es hora para esto, huevón". Lo único que quieres es meterte entre las sábanas y acostarte conmigo. Me agrada la idea. No pasó mucho tiempo luego que nos conocimos y de que empezamos a dormir juntos. Recuerdo con una sonrisa aquellas noches en que tu te apasionabas a tal medida que yo, inocente, no podía seguirte el paso. Nos queríamos mucho, diría yo, hasta que pasó lo que tenía que pasar: te fuiste.
Te fuiste sin avisar y me dolió en el alma. Trate de encontrarte guardando la esperanza que guardan los que son abandonados y se rehusan a enfrentar la puta realidad que, por lo general, nos llega reveladora, cruda y cruel, cagándonos la inocencia para siempre. En esos días de tu ausencia, yo renegué de lo que un día sentí por ti, lloré e incluso bebí mucho alcohol (y se que tú dirás "de eso no me eches la culpa") Fue estando ebrio que recibí el dato de que estabas mal. Me dijeron que estabas sola, triste y tirada en un rincón en la ciudad. Se me pasó todo. Fui a buscarte. Era cierto, ahí estabas. Nunca te vi tan sola, tan vulnerable y tan niña como aquella vez. Te besé y te cargué, no era necesario decir palabra alguna: ambos sabíamos, al mirarnos, que ya no podríamos separarnos otra vez.
Todo fue mejor desde ese día. Tu cambiaste conmigo, yo contigo, nadie le pidió imposibles al otro. Creo que nos quisimos mucho y creo que nos vamos a querer mucho más. Hiciste muchas cosas buenas por mí. ¿Crees que no me di cuenta o que no soy capaz de admitirlas? Fuiste, sin duda, mi principal motor para empezar a trabajar. Me enseñaste muchas cosas que yo no conocía de mi y me hiciste sentir que no era un fenómeno por ser capaz de dormir 12 horas seguidas.
No te gusta la gente. Eres tímida y algo tontuela, pero te crees muy lista. Eso me gusta de ti. Tu piensas que soy muy duro, pero no sabes que me has hecho llorar, conmovido, el día en que decidiste quedarte conmigo bajo la lluvia porque había perdido las llaves. Podías elegir irte a casa, comer algo, hacer lo que sea, pero te quedaste conmigo.
Y es que son muy pocas las personas que han decido quedarse conmigo. Quizá porque si no me paso el tiempo cagando las relaciones, las dejo en el congelador por mi frialdad e inquebrantable ingratitud: dos sellos de mi personalidad que tu conoces muy bien. No me da miedo mostrarme como realmente soy estando contigo, y más que eso, me siento cómodo. Deberías sentirte afortunada (risas de fondo)
Hoy que escribo estos papeles de dudosa reputación, y te tengo a mi lado, debo agradecerte por todas esas veces que me has arrancado una sonrisa. Gracias por las esperas y también por las graciosas impaciencias. Gracias por correr a mi lado cada vez que te decía "habla, ¿una carrerita?" y gracias porque esta noche, como en nuestros primeros días, te atreviste a literalmente patearme el rostro para meterte entre mis sábanas que siempre serán tus sábanas también. Y te escribo hoy, teniéndote a mi lado, porque quizá luego la puta distancia juegue en nuestra contra, pero estoy seguro que te llevaré conmigo de alguna u otra forma. Sabes que siempre me las arreglo. Gracias por todo lo que me has dado y ten por seguro que cada vez que vea a una niña con tu escultural figura donde quiera que esté, me acordaré de ti y solo de ti, mi oscura niña, mi compañera de soledades, mi niña de ojos amarillos.
Te quiero para siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario