lunes, 4 de enero de 2010

El Francotirador

Antes de leer aguanta tu carro, comparito. Estaciónate un toque, jugador. Esta es una crónica de mi poco valorada y cansina afición por la lucha libre. Si no te interesa, no hay roches. Ahora, si quieres leer una historia corta de la emoción que siente un chico, mayorcito él, por ver a su ídolo de infancia luego de más de 10 años, adelante. Bienvenido. Quizá hasta te parezca un poco tierna la cosa...



Querido Bret:

Es un poco complicado escribirte en estos momentos, pero me he animado de todas formas. Siento que es algo que debo hacer, a pesar de que se me hace demasiado duro. Es difícil resumir una noche como la que acaba de pasar pero bien vale la pena hacer el intento, querido amigo, porque en el fondo se que tu también la debes haber tenido muy jodida allá donde estás.

¿Como decirte que ya estaba nervioso desde la tarde? ¿Como explicarte que, mientras buscaba algún enlace que me permitiera verte en directo, el corazón (the heart) no se quedaba quieto? Fue una espera divertida, gran compañero. Inicié el ritual con una par de canciones, papas fritas y cerveza fría. Nada fuera de lo común. Nada tan grande como el hecho de verte en directo. Cuando la hora se acercaba tenía muchas preguntas en mi cabeza. Tenía problemas -aún están aquí- pero me hice la promesa de olvidarlo todo por estas benditas 2 horas. Dos horas que para una espera de 12 años, no significan un obstáculo imposible de vencer.

Recordé precisamente cuando te conocí hace 12 años. Aún estaba en la escuela. Me había escapado un domingo por la mañana a casa de un buen amigo para, después de muchos intentos, poder ver Raw is War. Había visto fotos tuyas, te habías convertido en mi favorito. Conté los domingos para finalmente poder verte luchar hasta que llegó el día. No pude hacerlo del todo: tu ya no estabas ahí. En lo poco que entendí, habías perdido tu campeonato en Montreal la semana anterior. Vi el resumen de la pelea con algo de confusión. Nadie sabía si ibas a volver. Vi a un tipo rubio hablando y burlándose de lo sucedido y lo odie mucho. ¿Quién iba a pensar que iba a tener que esperar tanto tiempo para verte en ese lugar que tantas alegrías me ha regalado? Confiésalo, hombre grande, ¿acaso también sentiste que el tiempo casi no había pasado?

Cuando mi reloj dice que ya son las 9, el tiempo no existe. Se ha fugado de la sala. En el momento en que Justin comienza a hablar parece que también se ha fugado el audio de mi computadora: no puedo oír nada. De pronto, es directo, empieza la distorsión de la guitarra y me pongo de pie. No lo he pensado, solo he actuado movido por algún impulso de la infancia. Escucho el tema, te veo llegar. Como antes. Como nunca, en realidad. ¿Qué estás pensando en ese momento, Bret? ¿Como se vio el coliseo desde ahí? ¿Viste la emoción en los rostros de la gente a través del humo?
¿La pudiste ver, Hitman? ¿La viste?

Sigo envuelto en mis emociones y metido en mi cabeza cuando oigo el tema de Shawn a lo lejos. Lo has llamado para hablar de una vez por todas. Mientras Shawn camina hacia ti pienso en las últimas cosas que me ha enseñado: que uno puede elegir ser un hombre nuevo, que nunca es tarde para acercarse a uno mismo y, por que no, a Dios también. Ustedes se miran a la cara, mientras yo reconozco en Shawn a una persona que creía haber olvidado: el mismo tipo rubio que se burlaba hace 12 años. Es en ese momento cuando ambos me enseñan algo nuevo mientras se dan la mano. Porque yo tampoco he podido olvidar el pasado, y los rencores que me atan a él. Porque quizá sea momento de empezar a hacerlo para no seguir amargándome más cada vez. Porque quizá ustedes tengan razón, y nunca es tarde para dejar lo malo atrás. En ese ring, mientras se dan la mano después de 12 años de pleitos y malos ratos, aprendo que la grandeza no está en los músculos ni en el tamaño, sino en quién carajos es uno por dentro.




Luego, con más calma, me doy cuenta de otro detalle: el tiempo ha pasado y lo puedo ver en tu rostro. Luces, sin embargo, más joven de lo que yo recordaba. El tiempo ha pasado para mi también, amigo. Desde tu última pelea se podría decir que he dado muchas batallas por mi lado también, y como todo, me ha tocado perder incontables veces. A pesar del tiempo, aún tengo ganas de seguir peleando. Solo, pero peleando al fin y al cabo.

Si te preguntas por que hablo de soledad, es porque he tenido pérdidas recientes en mi vida. He perdido a la persona que quería para mi. He perdido la relación con algunos seres queridos. He perdido mi empleo. Me está costando encajar el golpe. Me siento estúpido al hablar de perder a gente que uno quiere precisamente contigo, gran Bret. Fuiste un grande cuando falleció Owen. Todos lo queríamos mucho, e imagino que ni siquiera tendría que decírtelo porque lo sabes perfectamente. Fuiste un grande también cuando falleció Brian. Siempre luchaste. Lo que más recuerdo de esos días es que, a pesar de tu dolor, ibas a luchar. Ojalá poco a poco yo también pueda luchar a pesar del dolor y de todo lo malo que me sucede.

¿Que hago si la noche está a punto de acabar y no sé cuando te vuelva a ver? En momentos en que otros señores salen a demostrar que también quieren llegar a ser leyendas, recuerdo los momentos que más me impresionaron de tu carrera. Recuerdo como, cuando el internet llegó a esta ciudad, me gastaba fuertes sumas en las cabinas, mientras buscaba información de tu carrera y alguna foto que llevaba a casa alegremente en numerosos diskettes, muchos de ellos rotos parcialmente. Ya no te podía ver, pero podía intentar mantenerme al tanto de tus éxitos. Recuerdo cuando me enseñaron -o intentaron enseñarme- tu famosa llave de francotirador. Mientras mis piernas se enredaban con mis manos, supe que la excelencia era cosa tuya y que debía dejar el recuerdo de la llave con el dueño de la misma. También la ropa fucsia.

La noche ha acabado y el dueño de la empresa te ha dado una patada. Esta vez, una patada literalmente hablando. El momento me ha parecido de lo más gracioso y esperanzador. Si las cosas han acabado mal, puede que signifique que pronto podremos volverte a ver. ¿Volverás un tiempo más Bret? ¿Has acabado la noche con ese gustito que pensabas perdido para siempre? Te lo tengo que preguntar una vez más, viejo: ¿Viste el rostro de la gente? ¿Viste como te miraban?

Son poco más de las 11 de la noche y el programa ya llegó a su fin. ¿Como describir lo vivido esta noche? Doce años, amigo Bret, no es mucho para reencontrarse con un viejo al que admiras a rabiar. Me has demostrado también que nunca es tarde para dejar atrás líos que no valen la pena. Hoy, a pesar de los mil y un problemas que pueden existir -y que van a estar esperándome mañana por la mañana- puedo decir que estoy contento. Contento porque he visto a un héroe de mi infancia. Alguien a quien considero, más que un maestro, un ídolo. Gracias por enseñarme un poco a luchar -no con el cuerpo, sino con el corazón- y gracias por estar dispuesto a dar pelea siempre. Pelearé por ser así todos los días hasta que no se pueda más.

Yo no sé si seas lo mejor que hubo, o lo mejor que hay hoy en día. Lo único que sé es que en mi mente y corazón, siempre serás lo mejor que alguna vez haya habido. Y eso, amigo, es lo más importante de todo.

Un abrazo, "Hitman"

(We still want Bret!)

m12





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