Mi I.P:
Te escribo, y es un poco extraño, porque en estos días te he venido escribiendo de formas un tanto diferentes. Te escribo, a sabiendas de que me pediste que no lo hiciera, porque trato de alcanzarte a la distancia, de decirte cosas que al parecer jamás te van a volver a interesar. Te escribo porque trato de despedirme.
Si te preguntas por mi vida, mil veces te diría que todo anda estupendo, mejor que nunca. Al menos tengo planes y un poco de esperanza, así que se podría concluir en que todo marcha bien. Eso te diría. ¿Para qué mencionar que siento un huecazo por dentro que a veces me jode a la hora de dormir? ¿Qué gano al contarte que intento salir con un par de mujeres y me aburro en exceso? ¿Te preocuparía saber que cuando salgo últimamente siempre termino mal y buscándome problemas? ¿Te sentirías triste si supieras que el fin de semana anduve caminando ebrio por el centro de la ciudad y perdí mi teléfono -y por poco algo más- mientras huía de sabe Dios qué? ¿Vendrías a ponerle orden a este desastre esta misma noche, amor?
Pero me hace bien recordarte. En medio de todo. En medio de nada. ¿Sabes que lo que le escribí a nuestro hijo es hasta ahora lo que mejor he escrito? Tampoco es que eso sea bastante. Tampoco es que quiera que signifique algo para ti. Estás muy lejos como para que algo mío signifique algo para ti también. Sé que debo despedirme, pero aún no pierdo la esperanza.
Vendrá una de tus bandas favoritas a tocar a la ciudad. Pienso en llevarte, abrazarte y susurrarte al oído -¡Hasta que el sol no brille!- mientras coloco un anillo en tu dedo. Pienso en hacerte mi novia antes de irme y pienso en reunirnos en menos de un año, teniendo los suficientes ahorros para mudarnos juntos a un piso, una casa o una esquina. Pienso en lo que voy a decir después de que nos declaren marida y hombre y en las veces que voy a despertarme antes que tú para ver -por enésima vez- por qué llora nuestro Rodrigo con tanta pasión. Pienso en todo esto y sonrío. Sonrío porque sé que aún puede ser posible.
Pero me hago daño recordando que no solo ya no estoy ahí, sino que hay alguien más que toma tu mano, se sienta en tu sillón y te arranca sonrisas. No me parece justo. Sé que si supieras el daño que me causa pensar en todo esto también pensarías que no es justo del todo. Pasaron año nuevo juntos. ¿Viste el amanecer con él? ¿Dejaste que te besara? ¿Le hiciste el amor? ¿Pudiste?
No te reclamo, amor, es solo que si no te pregunto todo esto voy a morirme de impotencia. Recuerdo hace poco una madrugada de esas difíciles que suelo tener ahora, en la que me arriesgué a llamarte por teléfono. La idea de que estuvieras pasando la noche con alguien más me había golpeado duro. No me la podía sacar. Me estaba matando. Te sorprendiste de que llamara. Te dije que iría por ti. No te negaste esta vez. Llegué en tiempo record a tu casa y te hice el amor como si fuera por última vez. Dormiste abrazada a mí. Es un recuerdo. Hoy parece que solo eso queda.
¿Y qué más queda, me preguntas? A mi me quedan muchos lugares. Jamás pensé que fuesen tantos. Cuando tengo que moverme por la ciudad, la mayoría de sitios y calles tienen algo de ti. La avenida Benavides, que hoy me acercó un poco a tu casa, me recuerda a ti. Lugares que no tienen nada que ver entre sí, desde el Zarco hasta El Parque D'Onofrio, me hacen extrañarte hasta los huesos. A veces me pongo triste. A veces los cobradores se dan cuenta y me exigen que les pague más de lo debido.
¿Qué queda? Me quedan también los momentos que, al final de todo, me gustaría que también recuerdes. Como la primera vez que nos amamos, con mi gran miedo y tu enorme comprensión; y las muchas horas que charlamos antes de quedarnos dormidos. Como la vez que nos amamos en aquél lugar milenario -y peligrosamente público- por el cuál tuvimos que caminar largo rato por la carretera, bajo el sol y bajo la amenaza de ser arrollados por algún conductor medianamente imprudente. Como la primera vez que te canté -desafinado- una canción de los Ramones. Como la primera rosa que te entregué. Como nuestro primer viaje en avión. Como la primera vez que -dudando- te llamé preocupado para saber si no "te arrepentías" de haberme dicho que querías estar conmigo.
¿Que queda? Canciones por montones. Nos dedicamos muchas. Una de las mejores que me diste: Antojo De Un Dios. Se convirtió rápidamente en un himno para mí. ¿La recuerdas?
Y aunque se que mi ser jamás la alcanzará
Me da igual
Pues con solo saber
Que mañana la veré
Me basta...
Si pudiera darte una en este momento, sería una vieja canción de Jeanette (si, la misma del Corazón de Poeta) Bunbury le ha dado un intento a cantarla y pienso que deberías darle un intento a oírla. Se llama Frente a Frente. Con suerte te acordarás de mi...
Solo quedan
Las ganas de llorar
Al ver que nuestro amor se aleja
Frente a frente
Bajamos la mirada
Pues ya no queda nada de que hablar
Nada...
No queda nada más que hablar porque has elegido que así sea. Aún tengo mis planes, ideas, canciones y cosas que entregarte. Tengo incluso tu regalo de cumpleaños, pero no tengo aún la manera de hacértelo llegar. Quisiera mucho poder decirte hoy que si he cambiado tanto por fuera (uso anteojos para escribir) como por dentro (tengo la fuerza y la convicción de poder hacer todo lo que quiera) y también quisiera decirte que te amo, con todo lo malo que pueda haber (porque todo lo malo es insignificante cuando estás aquí), y que estoy dispuesto a darte y hacer cualquier cosa que necesites para ser feliz. Para que seamos felices juntos. Los tres. Pero el riesgo que corro es muy grande: puede que esta noche, y a estas alturas, ya me hayas olvidado del todo...
¿Entiendes ahora por qué no puedo entregarte esta carta?
No hay comentarios:
Publicar un comentario