martes, 16 de marzo de 2010

Mi Maldición

Comienzo a escribir echado en la cama. Irremediablemente, siempre cuando voy a dormir. Basta echarme un rato para empezar a escuchar esas voces en mi cabeza otra vez. Cuando comienzo a imaginar palabra tras palabra en mi mente, sé lo que va a pasar. Cuando me empieza a latir fuerte el pecho sé que ya me jodí: la maldición ha vuelto.

Como un condenado, arrastro las sábanas, salgo de cama y me siento en el sillón. En el camino me cruzo a la gata: tampoco duerme, la ociosa. Enciendo de nuevo el monitor y la luz me caga los ojos a traición. Igual no quiero ponerme los lentes porque planeo terminar rápido, y sobretodo, porque me siento otra persona cuando me los pongo.

Yo me pongo a escribir cuando tú estás durmiendo. Termino cuando ya la mañana no es tanto una amenaza sino una realidad y recién entonces puedo irme a jatear como Dios manda. Soy consciente de que mi horarios y mis formas me cortan muchas oportunidades (así ni huevón seré columnista de algún pasquín) pero no encuentro otra salida de momento que escribir mis historias malcriadas a la hora que se le antoja a las vocesitas que me las dictan.

El doctor Pérez-Albela sostiene que cuando el sol sale, uno debe estar listo para salir también. Activo. Uno-dos, uno-dos. Cuando el sol sale yo recién encuentro la paz y, cuando está en su pico más alto, al mediodía, es cuando suelo despertar. No necesito decir que el doctor Pérez-Albela goza de una salud estupenda y que el cagado soy yo. Es muy obvio. A mi me consuela la teoría que tengo de que el goce que siente el saludable doctor al mantenerse bien de salud, es el mismo goce que siento yo al terminar de escribir, de paporreta, algún relato medio cursilón. Entiendame doc, yo también quiero estar bien de salud, pero de salud mental. Y este es el único puto placebo que tengo a la mano.

Porque, para qué ocultarlo más, el sexo es un ingrediente ausente en estas, mis noches trastornadas. Las ganas que tengo de conquistar un cuerpo nuevo son pocas al lado de mi flojera y mi pesimismo por el asunto en cuestión. No por eso voy a negar que, después de instantes de cariños y promesas falsas de amor que me brindaban hace algunos meses, encontraba el sueño rapidito y sin ningún problema. No habían voces pidiéndome que dudara de la sinceridad de quién compartía las sábanas conmigo, y si las habían, prefería hacerme el tonto y pensar que era el viento. Luego de que el ventarrón se volviera huracán, decidí escuchar siempre a las pequeñas voces.

Creo que ahora optaría por hacer las cosas de otro modo. Cambiaría las horas que pasé haciendo el amor por largas conversaciones de alcoba. Aunque suene aburrido. Por lo menos tendría algún tema para escribir una novela. Si el chato Grados puede -y créeme que yo te quiero, chatín- yo también debería. Eso sí, cambiaría todas las novelas del mundo por lograr tener una vez más la paz que sentía al oír los latidos de la mujer que abrazaba y que dormía al lado mío.

En un par de horas me van a tocar la puerta. Fui débil y prometí cosas que no debí. El mundo debería saber que mis promesas no tienen valor alguno si han sido pactadas para antes del medio día. Al final no he cambiado y voy a seguir siendo el muchacho al que no le importa cancelar los planes de la mañana con tal de no dormir otra vez y escribir un par de líneas. Espero seguir siendo ese tipo que no gana concursos literarios, o que publica libros de cuentos con facilidad, pero que confía en lo que tiene que decir. Espero, sobre todo, lograr ser el canalla que cuando no tiene tema sobre el cual escribir, escribe sobre nada oyendo los boleros de oro de La Inolvidable.

Hoy he dado un paso más para poder ser ese canalla. Espero compartir mis sábanas pronto con alguna voluntaria, no importa si para tener horas de sexo desquiciante, o para tener largas charlas que cambien mi forma de ver la vida. Cualquier cosa es mejor a intentar callar aquellas voces en mi cabeza. La maldición tal vez no exista, al fin y al cabo, todo está en mi cabeza. Todo está en nuestra cabeza. It's in your head, zombie, in your head.






m12

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