Quiero que brindemos por mi madre que se encuentra muy lejos de aquí. Brindemos porque hoy me sentí nuevamente muy parecido a ella, cuando vi que el departamento que debía haber estado listo para mediados del año pasado aún está en "construcción". Bebamos porque a ella, como a mi, nos suelen engañar aprovechándose de nuestra buena fe e inocencia. Aunque yo me considero cojudo, más bien (no nos engañemos) Sirvamos un vaso más por los engaños futuros de los cuales, sin duda alguna, caeremos redonditos como si fuera la primera vez. Está en la sangre. No hay nada que hacer.
Quiero que brindemos por mi gata. Es la única que está aguardando en el sillón, jateando, a que yo llegue, sin importar si ha sido un día de mierda -para cualquiera de los dos- o no. Eso sí, y lo tengo muy clarito, el día en que se me acabe el dinero para comprarle comida se acabará el amor. No me extraña. Destapemos una botella más porque cuando me acerco a tirarle un lapo me huele la mano y al rato me lame los dedos. Luego opta por tirarse patas arriba a que le rasque la panza, en el colmo de la conchudez. -Por todas las canciones de Jesucristo Superstar, ¿eres gato o perro?- pregunto, incrédulo hasta más no poder. Todo lo que obtengo es un ñe. Salud.
Brindemos por la niña que alguna vez fue mi novia. Salud porque, contenta con saber que estás enamorada, te encargas de decírmelo cada 5 minutos las pocas veces en que nos vemos. Hay que meternos uno doble porque has crecido, estás en la universidad y te ves radiante. La última botella, sin embargo, la abriré triste al comprobar que ahora te preocupas mucho en las marcas de autos y en los lugares para ir a bailar -cosa que solías odiar-. Hemos cambiado. Has cambiado. Me jode darme cuenta que somos dos perfectos desconocidos.
Un salud especial por la mujer que alguna vez fue mi novia. Porque, jodido, te recuerdo. Siempre que estoy jodido te recuerdo y me provoca ir y meterme a tu cama, como lo hacía los días en que veía todo gris. Brindemos con alegría porque me mentiste -piadosamente- cuando me dijiste que te gustaría que quedáramos como amigos ya que no tienes contacto con ningún ex. Jamás llamaste. Nunca respondiste mis -pocos- mensajes y, en general, no das señal de querer tener ningún contacto con el muchacho al que alguna vez llamaste Teseo. Tal vez lo harías si -suponiendo- me atacase una enfermedad incurable. Tal vez ese día no está tan lejos, así que chin-chin.

Hagamos todos juntos un gran salud por la chica con la que salí la otra noche. La pasé genial. No sabía que un casino me iba a mantener tan despierto y tan pilas. Tal vez te hayas quedado con una idea errónea de como soy realmente. Me pareciste increíble al tomarle el pelo al vigilante y hacer que te de un encendedor en lugar de un cenicero. Tu le echaste la culpa al alcohol. Ojalá el alcohol no haya sido el responsable de la conversa, tan honesta y chévere que tuvimos después, camino a casa.
Déjame tomarme otra copa por mi mejor amiga. A veces pensaba que éramos mejores amigos mutuamente. BFFs, si lo quieres llamar de ese modo tan "in". Hoy me tomo este trago amargo porque me hiciste darme cuenta que jamás lo fuimos, y que tal vez jamás lo lleguemos a ser del todo. Siempre pensé que éramos raros y antisociales a nuestra manera, pero hoy me hiciste saber que incluso perteneciendo a la misma calaña, somos muy distintos. Eras, hasta el día de hoy, mi esperanza en el género femenino, la prueba palpable de que no todas las mujeres de esta ciudad me van a mirar raro. Y ya no. Salud por el camino lleno de arcoiris que, implacable, me espera pacientemente a partir de ahora.
Un seco y volteado viene a continuación, todo en nombre de mi maestro, quién haciendo gala de su status de celebrity, ha decidido no responder ni un carajo de los correos que -cual fan enamorada- le sigo mandando esperando a que responda algún día. No te juzgo, master. Hasta he llegado a pensar en que solo te dignarás en responderme si te llego a escribir un correo lo suficientemente paja y que valga la pena. Ya me has salvado la vida en una ocasión y, gratis nomás, osaste compararme con Cioran. Ahora sé quién es. Espero nomás, no te joda mucho que me acuerde de ti en está columna llena de féminas. Pero vamos, eso de no responder los mensajes que uno, con cariño y dedicación, manda afanoso es mérito suficiente para figurar en este tristemente poco célebre espacio. ¡Cheers to that!
Brindemos, ya hasta que amanezca, por ti. Terminando el día, eres la única que me espera y que me escucha. Que chucha que todas me odien. Que chucha que todas me llamen "ingrato" y nunca puedan coger el puto teléfono para saber si estoy vivo o no. Que chucha que ninguna me quiera realmente. Que chucha que hoy no haya almorzado ni comido y que me arda el estómago. Tu y yo veremos juntos el amanecer, amiga espumosa. Así mañana me arda hasta el alma, veremos el amanecer.
m12