Cuando te has sentado en mi cama, luego de dejar tu cel en la mesa de noche, has insistido en que no encienda ni siquiera la luz de la lámpara de noche. Nervioso, te he hecho caso y, más por impulso que otra cosa, me he sentado junto a ti.domingo, 11 de julio de 2010
Anoche
Cuando te has sentado en mi cama, luego de dejar tu cel en la mesa de noche, has insistido en que no encienda ni siquiera la luz de la lámpara de noche. Nervioso, te he hecho caso y, más por impulso que otra cosa, me he sentado junto a ti.domingo, 4 de julio de 2010
Todo Se Derrumbó
¿Cómo estará mi princesa?...era lo que siempre se me venía a la mente.
Sabía que ella estaba bien. Mi mente, cuando respondían mi pregunta, siempre me dejaba en calma y me hacía sentir seguro. Ya hacía un rato que ella no estaba aquí, y habían habido algunos cambios que -si bien no eran grandes- eran muy significativos.
Quería que ella supiera que este año las cosas tenían que salir de putamadre para ambos. Al menos sentía haber recuperado el combustible como para hacerlo, con todas las ganas y el corazón. Aunque la universidad acabaría a fines del año, nuestra vida juntos (como yo me lo imaginaba) debería empezar también este año y se había acabado el tiempo de rogar para que suceda. Empezó el tiempo de hacer que suceda.
Las últimas semanas de febrero llegarían recargadas de momentos especiales. Llegadas del extranjero de familiares y amigos, idas y venidas de mil lugares, muchos trámites (papeleos infinitos, incluyendo la matrícula para este ciclo) Limpiar la casa también seria un mal menor y totalmente soportable. Idear un plan para proteger a mi gatita sería lo más complicado de estos días.
Lo que sin duda será lo más difícil es pasar el cumpleaños de ella, sin ella. O sin estar cerca a ella. El tiempo juntos parecía haberse multiplicado en mi corazón y en mi memoria. Era gracioso porque, a pesar del tiempo que había pasado desde las primeras salidas, los primeros besos clandestinos y las primeras noches eternas y perfectas; tenía la sensación de que hubiesen sucedido ayer. Pero los viajes juntos, mis inseguridades, sus dudas y el inicio de nuestra historia me parecían muy lejanos.
Cuando le dije al psicólogo -lo mismo que le dije al taxista y lo mismo que le digo a algún amigo con el que tengo algún mínimo de confianza, por lo general tras haber consumido cierto grado de alcohol- todo mi rollo de que ella "es" y de que estoy seguro de que lo es porque nos entendemos mutuamente, me sentí orgulloso de mis sentimientos. Obviamente, es muy diferente la respuesta de un taxista, un especialista y un amigo que está tanto o mas ebrio que uno, pero en todos los casos recibí de ellos una señal de "buena fe". De que voy en el camino correcto. De que al final no me quedaré solo. De que debo de seguir luchando por ella.
No tengo pelo, no tengo cejas, y ando en ropa interior la mayor parte del tiempo. En dos semanas todo eso cambiará drásticamente y muchas emociones se juntarán. Y llegará marzo. He estado mucho tiempo solo, y mucho tiempo con ella también. No me imagino estando lejos en algún momento, pero si me imagino gordo. Siempre muy gordo. Cuando esta semana a la hora de almuerzo vi el rostro de la mesera -una mezcla entre buen humor y puro horror- al decirme con espanto "joven, ¿se comerá todo eso?" supe que también iba por buen camino. Al haber dictado una cátedra en una mesa de bembos, sobre el precio justo de la comida rápida en el Perú y sobre la calidad del servicio, el rostro del compañero que me acompañaba me decía que algo había cambiado en mí estos días.
No se si seré mejor o peor, pero se que soy diferente.
El verano no perdona, mi corazón tampoco perdona, y el tiempo mucho menos. Estos días no admiten error alguno. Tendría que realizar los movimientos correctos para que mi madre llegase y su ganas de "recuperar el tiempo perdido" sean mayores que sus nacientes ganas de joder. Tendría que esperar a que la inspiración para escribir historias me golpee en algún momento del año (tengo una corazonada que podría ser a partir de junio) y tendría que esperar a conquistarla por completo, lo cual resulta ser lo más jodidamente difícil que he hecho en la vida, y curiosamente, lo más recompensante también.
Ahí está lo que más quiero. A la vuelta de la esquina -o en una ciudad californiana, para ser más exactos- y todo indica que debo dejarme de mariconadas y conseguirlo de una vez por todas.
Quizá con suerte este año le de respuesta a algo que ella hace mucho tiempo me confió:
"Yo no se lo que es el amor"
Ojalá pueda hacer que ella lo sienta este año...
Yo me mantendré en Lima Gris, atento y solitario. La gata siempre es una compañía excelente, y bueno, comiendo mucho eso si. Nunca fui bueno para expresarle lo que sentía, pero ojalá en algún momento pueda contarle la idea que me ha estado dando vueltas por las noches:
Que estoy listo para vivir junto a ella y ya no hay nada que temer.
m12