domingo, 11 de julio de 2010

Anoche

Cuando te has sentado en mi cama, luego de dejar tu cel en la mesa de noche, has insistido en que no encienda ni siquiera la luz de la lámpara de noche. Nervioso, te he hecho caso y, más por impulso que otra cosa, me he sentado junto a ti.

Hemos pasado una noche increíble. Todas las dudas que había tenido estos meses sobre nosotros y sobre mí -sobretodo sobre mí- se habían esfumado junto al humo que escapaba de mi boca en el taxi de regreso a casa. Y fui un patán, y lo admito, cuando me pediste que no fumara y yo te respondí "solo un pucho para la buena suerte". Se que te deje muda porque no sabías de que jodida buena suerte estaba hablándote. Y es que es mi táctica: cuando quiero distraer la atención de algo que me piden, suelto la primera huevada que se me viene a la mente.

Hay mucho silencio. Ya ha pasado el tiempo necesario para poder distinguir sombras en la oscuridad. Se que estás con la mirada perdida, y también algo triste. No atino a decir nada. Se que la estoy cagando y que -tal vez- fue un error haberte traído a casa conmigo. Pero no quería despedirme y se que tu tampoco, porque me lo dijiste mientras aún te reías de mi pésima imitación de tu ex novio. Nadie dice nada y el silencio que se proyectaba a llegar al infinito es interrumpido por Ben Folds Five. Volteas, alcanzas el cel y contestas. Te oigo decir "no, no creo, mejor creo que me voy a quedar" y me quedo absoluta y plenamente huevón. Cuelgas y no dices nada. Yo aún no puedo mirarte.

Te conocí en una etapa muy jodida y muy extraña de mi vida. Si, Tyler Durden dixit. Siempre te dije que me costaba harto no ser tan noico y tu siempre me advertiste que solo íbamos a ser patas. Los dos la teníamos clara. Y salimos un par de veces a cenar y al teatro. Nada del otro mundo. Y conversábamos por horas algunas noches y nos prometimos decirnos siempre la verdad -una noche memorable en la que tuve que hablar desde mi azotea y me cagaba de frío y tu sentiste el viento en el celular-. Esos días en que empezaba a conocerte, avanzaba paso a paso sin saber hacia donde, a oscuras. Casi tan a oscuras como ahora que te tenía sentada en mi cama y con la certeza de que te quedarías a dormir.

No se ya cuanto rato ha pasado, pero siento que ha sido demasiado. Te he mirado y sigues con un aire triste. Me haces sentir un canalla que te ha obligado a venir a su casa y a entrar a su cuarto. No es algo que escape tanto de la realidad, pero no es bonito que te lo hagan sentir de todas formas. Me atrevo en ese momento a tomar tu mano. Sabes perfectamente que me cuesta harto hacer esas cosas, y tal vez por eso, no te rehusas y tomas la mía también. Entonces por fin me miras y sonríes. Es todo lo que yo quería. Juro que es todo lo que yo quería.

Nos hemos contado un montón de cosas en todo este tiempo. Recuerdo la noche en la que me contaste que te sentías cagada y que ya no querías volver a sentirte así nunca más. Casi lloramos juntos. Recuerdo cuando te conté de mis bajones emocionales y me arrepentí al segundo, porque te noté recontra impresionada slash preocupada slash asustada. Pero fuiste buenísima onda y, con tus palabras, me hiciste sentir menos anormal que de costumbre. Entendiste -sin que yo te lo dijera- que no necesitaba tanto volver a confiar en alguien; sino más bien, que alguien vuelva a confiar en mi. Y una noche, sin previo aviso y de la nada, decidiste confiar en mi.

Yo no sabía que luego de invitarte a un lugar donde me iba a aburrir infinitamente, y luego de un par de malos bailes y buenos vodkas, íbamos a acabar hablando de nuestras fallidas relaciones. Tampoco hubiera imaginado que mi teoría de que esta ciudad es demasiado pequeña iba a confirmarse al saber que yo había trabajado alguna vez con el tipo que te hizo tanto daño. Nunca hubiera sospechado que ibas a decir "okey vamos" cuando, entre risas, te dije que si querías ir un rato a mi jato. Okey, todo lo pude haber sospechado, pero lo que si, ni cagando hubiese sospechado, es que ibas a quitarte el jean y el polo sin decir nada y que ibas a meterte tan apresuradamente entre mis sábanas.

Cuando pienso que nada más loco podría suceder, logro distinguir tu mano poniendo tu brasier (¿negro, azul?) sobre la mesa de noche. Espero segundos que parecen eternos y decido también quedarme en ropa interior. Me pregunto si el vodka tiene la culpa de esta repentina muestra de confianza y, tras un rápido análisis, me doy cuenta que no estoy ebrio ni picado, sino más bien asustado. Slash nervioso. Slash confundido.

No has dicho palabra alguna cuando me he echado a tu lado y yo he tratado de no hacer ruido alguno. Te escucho reír, y sin embargo, no se que carajos sentir. Entonces estiras tus manos; me buscas y yo me acerco, haces que mis manos te rodeen y, cuando siento el olor de tu cabello, es cuando lo recuerdo. "Nunca has conocido a alguien como yo" te dije al conocerte. Y no era mi slogan de campaña ni mucho menos: era la purita verdad. No intento ningún movimiento que pueda arruinar el momento y me voy a dormir contigo. Esta vez -por primera vez en mi vida- sin preocuparme de que va a suceder mañana.




m12

domingo, 4 de julio de 2010

Todo Se Derrumbó

Rescatado entre papeles de hace 3 años, me llama la atención un texto que -por cabro- jamás logré enviar. Texto que pone en evidencia que -por más que trates- todo está hecho para romperse, todo tiene su final, y nada dura para siempre. Guarda con que te suceda algún día.


Lima, 10 de febrero del 2007


¿Cómo estará mi princesa?...era lo que siempre se me venía a la mente.

Sabía que ella estaba bien. Mi mente, cuando respondían mi pregunta, siempre me dejaba en calma y me hacía sentir seguro. Ya hacía un rato que ella no estaba aquí, y habían habido algunos cambios que -si bien no eran grandes- eran muy significativos.

Quería que ella supiera que este año las cosas tenían que salir de putamadre para ambos. Al menos sentía haber recuperado el combustible como para hacerlo, con todas las ganas y el corazón. Aunque la universidad acabaría a fines del año, nuestra vida juntos (como yo me lo imaginaba) debería empezar también este año y se había acabado el tiempo de rogar para que suceda. Empezó el tiempo de hacer que suceda.

Las últimas semanas de febrero llegarían recargadas de momentos especiales. Llegadas del extranjero de familiares y amigos, idas y venidas de mil lugares, muchos trámites (papeleos infinitos, incluyendo la matrícula para este ciclo) Limpiar la casa también seria un mal menor y totalmente soportable. Idear un plan para proteger a mi gatita sería lo más complicado de estos días.

Lo que sin duda será lo más difícil es pasar el cumpleaños de ella, sin ella. O sin estar cerca a ella. El tiempo juntos parecía haberse multiplicado en mi corazón y en mi memoria. Era gracioso porque, a pesar del tiempo que había pasado desde las primeras salidas, los primeros besos clandestinos y las primeras noches eternas y perfectas; tenía la sensación de que hubiesen sucedido ayer. Pero los viajes juntos, mis inseguridades, sus dudas y el inicio de nuestra historia me parecían muy lejanos.

Cuando le dije al psicólogo -lo mismo que le dije al taxista y lo mismo que le digo a algún amigo con el que tengo algún mínimo de confianza, por lo general tras haber consumido cierto grado de alcohol- todo mi rollo de que ella "es" y de que estoy seguro de que lo es porque nos entendemos mutuamente, me sentí orgulloso de mis sentimientos. Obviamente, es muy diferente la respuesta de un taxista, un especialista y un amigo que está tanto o mas ebrio que uno, pero en todos los casos recibí de ellos una señal de "buena fe". De que voy en el camino correcto. De que al final no me quedaré solo. De que debo de seguir luchando por ella.

No tengo pelo, no tengo cejas, y ando en ropa interior la mayor parte del tiempo. En dos semanas todo eso cambiará drásticamente y muchas emociones se juntarán. Y llegará marzo. He estado mucho tiempo solo, y mucho tiempo con ella también. No me imagino estando lejos en algún momento, pero si me imagino gordo. Siempre muy gordo. Cuando esta semana a la hora de almuerzo vi el rostro de la mesera -una mezcla entre buen humor y puro horror- al decirme con espanto "joven, ¿se comerá todo eso?" supe que también iba por buen camino. Al haber dictado una cátedra en una mesa de bembos, sobre el precio justo de la comida rápida en el Perú y sobre la calidad del servicio, el rostro del compañero que me acompañaba me decía que algo había cambiado en mí estos días.

No se si seré mejor o peor, pero se que soy diferente.

El verano no perdona, mi corazón tampoco perdona, y el tiempo mucho menos. Estos días no admiten error alguno. Tendría que realizar los movimientos correctos para que mi madre llegase y su ganas de "recuperar el tiempo perdido" sean mayores que sus nacientes ganas de joder. Tendría que esperar a que la inspiración para escribir historias me golpee en algún momento del año (tengo una corazonada que podría ser a partir de junio) y tendría que esperar a conquistarla por completo, lo cual resulta ser lo más jodidamente difícil que he hecho en la vida, y curiosamente, lo más recompensante también.

Ahí está lo que más quiero. A la vuelta de la esquina -o en una ciudad californiana, para ser más exactos- y todo indica que debo dejarme de mariconadas y conseguirlo de una vez por todas.

Quizá con suerte este año le de respuesta a algo que ella hace mucho tiempo me confió:

"Yo no se lo que es el amor"

Ojalá pueda hacer que ella lo sienta este año...

Yo me mantendré en Lima Gris, atento y solitario. La gata siempre es una compañía excelente, y bueno, comiendo mucho eso si. Nunca fui bueno para expresarle lo que sentía, pero ojalá en algún momento pueda contarle la idea que me ha estado dando vueltas por las noches:



Que estoy listo para vivir junto a ella y ya no hay nada que temer.




m12