Cuando te has sentado en mi cama, luego de dejar tu cel en la mesa de noche, has insistido en que no encienda ni siquiera la luz de la lámpara de noche. Nervioso, te he hecho caso y, más por impulso que otra cosa, me he sentado junto a ti.Hemos pasado una noche increíble. Todas las dudas que había tenido estos meses sobre nosotros y sobre mí -sobretodo sobre mí- se habían esfumado junto al humo que escapaba de mi boca en el taxi de regreso a casa. Y fui un patán, y lo admito, cuando me pediste que no fumara y yo te respondí "solo un pucho para la buena suerte". Se que te deje muda porque no sabías de que jodida buena suerte estaba hablándote. Y es que es mi táctica: cuando quiero distraer la atención de algo que me piden, suelto la primera huevada que se me viene a la mente.
Hay mucho silencio. Ya ha pasado el tiempo necesario para poder distinguir sombras en la oscuridad. Se que estás con la mirada perdida, y también algo triste. No atino a decir nada. Se que la estoy cagando y que -tal vez- fue un error haberte traído a casa conmigo. Pero no quería despedirme y se que tu tampoco, porque me lo dijiste mientras aún te reías de mi pésima imitación de tu ex novio. Nadie dice nada y el silencio que se proyectaba a llegar al infinito es interrumpido por Ben Folds Five. Volteas, alcanzas el cel y contestas. Te oigo decir "no, no creo, mejor creo que me voy a quedar" y me quedo absoluta y plenamente huevón. Cuelgas y no dices nada. Yo aún no puedo mirarte.
Te conocí en una etapa muy jodida y muy extraña de mi vida. Si, Tyler Durden dixit. Siempre te dije que me costaba harto no ser tan noico y tu siempre me advertiste que solo íbamos a ser patas. Los dos la teníamos clara. Y salimos un par de veces a cenar y al teatro. Nada del otro mundo. Y conversábamos por horas algunas noches y nos prometimos decirnos siempre la verdad -una noche memorable en la que tuve que hablar desde mi azotea y me cagaba de frío y tu sentiste el viento en el celular-. Esos días en que empezaba a conocerte, avanzaba paso a paso sin saber hacia donde, a oscuras. Casi tan a oscuras como ahora que te tenía sentada en mi cama y con la certeza de que te quedarías a dormir.
No se ya cuanto rato ha pasado, pero siento que ha sido demasiado. Te he mirado y sigues con un aire triste. Me haces sentir un canalla que te ha obligado a venir a su casa y a entrar a su cuarto. No es algo que escape tanto de la realidad, pero no es bonito que te lo hagan sentir de todas formas. Me atrevo en ese momento a tomar tu mano. Sabes perfectamente que me cuesta harto hacer esas cosas, y tal vez por eso, no te rehusas y tomas la mía también. Entonces por fin me miras y sonríes. Es todo lo que yo quería. Juro que es todo lo que yo quería.
Nos hemos contado un montón de cosas en todo este tiempo. Recuerdo la noche en la que me contaste que te sentías cagada y que ya no querías volver a sentirte así nunca más. Casi lloramos juntos. Recuerdo cuando te conté de mis bajones emocionales y me arrepentí al segundo, porque te noté recontra impresionada slash preocupada slash asustada. Pero fuiste buenísima onda y, con tus palabras, me hiciste sentir menos anormal que de costumbre. Entendiste -sin que yo te lo dijera- que no necesitaba tanto volver a confiar en alguien; sino más bien, que alguien vuelva a confiar en mi. Y una noche, sin previo aviso y de la nada, decidiste confiar en mi.
Yo no sabía que luego de invitarte a un lugar donde me iba a aburrir infinitamente, y luego de un par de malos bailes y buenos vodkas, íbamos a acabar hablando de nuestras fallidas relaciones. Tampoco hubiera imaginado que mi teoría de que esta ciudad es demasiado pequeña iba a confirmarse al saber que yo había trabajado alguna vez con el tipo que te hizo tanto daño. Nunca hubiera sospechado que ibas a decir "okey vamos" cuando, entre risas, te dije que si querías ir un rato a mi jato. Okey, todo lo pude haber sospechado, pero lo que si, ni cagando hubiese sospechado, es que ibas a quitarte el jean y el polo sin decir nada y que ibas a meterte tan apresuradamente entre mis sábanas.
Cuando pienso que nada más loco podría suceder, logro distinguir tu mano poniendo tu brasier (¿negro, azul?) sobre la mesa de noche. Espero segundos que parecen eternos y decido también quedarme en ropa interior. Me pregunto si el vodka tiene la culpa de esta repentina muestra de confianza y, tras un rápido análisis, me doy cuenta que no estoy ebrio ni picado, sino más bien asustado. Slash nervioso. Slash confundido.
No has dicho palabra alguna cuando me he echado a tu lado y yo he tratado de no hacer ruido alguno. Te escucho reír, y sin embargo, no se que carajos sentir. Entonces estiras tus manos; me buscas y yo me acerco, haces que mis manos te rodeen y, cuando siento el olor de tu cabello, es cuando lo recuerdo. "Nunca has conocido a alguien como yo" te dije al conocerte. Y no era mi slogan de campaña ni mucho menos: era la purita verdad. No intento ningún movimiento que pueda arruinar el momento y me voy a dormir contigo. Esta vez -por primera vez en mi vida- sin preocuparme de que va a suceder mañana.
m12
oigame!
ResponderEliminarlo maximo!!!! muy tierno.... atrevido...
ResponderEliminar