miércoles, 22 de febrero de 2012

Mujeres Espejo

Es la una de la mañana, estoy escuchando a Shakira.

Empecé a escribir esto en la ducha. Ha sido un día impresionante. Ya no estoy cansado, pero lo estaba tras haber tenido que soportar el sol más tiempo del recomendable. No recuerdo que me incomodase tanto el sol. Pasa el tiempo y me voy pareciendo más a ti.

Hoy me tildaron de ebrio. Me jodió. Luego pensé y me puse a recordar que, en efecto, era un ebrio de cuidado. Creo que tomaba para poder ahogar mi personalidad, para subir el volumen y sentir que iba a tono con los demás. Hoy descubrí que disfruto el control que me da estar rodeado de gente que está de más. Me he vuelto adicto a sentirme perfectamente bien los domingos por la mañana. Es gracioso darme cuenta ahora de que mis esfuerzos por integrarme fueron inútiles, y que no me quedan ganas -en absoluto- de intentarlo nuevamente.

Pienso que ser como soy no tiene nada de malo. Es sólo que a veces todo es tan solitario. Me rodeo de gente que no me entiende, salgo con personas que no me interesan, hago cosas que me hacen más infeliz. El 99 por ciento del tiempo pienso que es inútil y que debo sobrellevarlo. Esta noche pienso que son puras huevadas, que algo debería poder hacer al respecto. Pero tampoco está netamente en mis manos.

Odio a la gente...

Gente que quiere Iphones y Galaxys. Gente que ya no te mira cuando te habla, que se para mientras conversa contigo para ir a revisar su estatus. Gente que te habla de tal o cual publicación que apareció en el Facebook. Gente que busca pasarla bien, y morir pasándola bien. Gente en quien no puedes confiar, o que cuando los problemas tocan la puerta, se mandan mudar. Gente que no puede dejar sonando el puto teléfono. Gente que se muere si olvidó el celular en casa.

Creo que lo mío es puro cinismo, o desapego a esa gente. Como estos individuos son masa, y me superan largamente en número, hago gala del sarcasmo y de la sonrisa barata como últimos recursos. No sé, tal vez me haga falta viajar un poco y alejarme de la ciudad. Últimamente disfruto bastante el tiempo que paso conmigo mismo. Fuera o dentro de casa. Pensando o haciendo algo. Caminando. Ahora puedo caminar largas distancias sin cansarme o aburrirme. Es la gente la que me aburre.

Me refugio bastante en la música. He aprendido a darle más valor. Respeto a artistas que antes ignoraba, y géneros que no podía soportar son los que más paz me regalan por estos días. Hay una banda de por acá que canta una canción que, sin duda, te gustaría. El coro dice "Hay que morir cada noche/y con el sol, volver a nacer". Debo confesar que, sin ese pequeño coma inducido que me ofrecía el alcohol, me está costando bastante encontrar ese renacer cada mañana.

Y, desesperanzado a más no poder, busco alguien que se sienta un poco como yo. Y es cuando me interesa una mujer. Culta, por lo general. Musical, también podríamos decir. Que gusta de películas no tan famosas, pero de trama emotiva. Que puede ir al teatro y emocionarse con una buena obra. Que ve los Simpsons y que disfruta más las reuniones que las discotecas. Sin un culo redondo, ni tetas grandes, ni alguna perfección que la vuelva irreal. Alguien en quién reflejarme. Una mujer espejo, como me gusta llamarlas.

Pues estas mujeres desaparecen tan rápido como aparecieron. O hacen oídos a los rumores de que soy terrible. O se dejan engañar por mi escasa habilidad para comunicarme cuando estoy cerca de ellas. O no se dejan seducir por mis escritos o por mis planes. O, sencillamente, no me ven cuero y a la mierda todo. Me engañaron. No fueron un espejo, sino más bien un espejismo. Cuando estoy seguro de que sí valen la pena, trato de mover cielo y tierra y de seguir ahí. Pero me freno. Algo me detiene. Siempre dejo de intentar. Trato de ya no forzar las cosas. Que pase lo que tenga que pasar. Así de fácil. Así de cliché.

Recuerdo que antes caía en el error de siempre tratar de salvar las situaciones. De caer bien parado. De quedar bien. Ahora no me podría importar menos que piensen que soy una basura, el canalla más grande de Lima. Me divierte un poco esa idea. Provocar incomodidad. Causar desagrado. Me gusta que las personas se rasguen las vestiduras. Que me señalen con el dedo acusador. Me jode que las cosas no salgan como yo quiero, pero he aprendido a aceptar los fracasos con aplomo y humildad. Uno no puedo ganarlas todas, dicen.

Recientemente, uno de mis mejores amigos acusó un cambio en mí. Me dijo -cara a cara, como deben hacerse las declaraciones importantes- que me había vuelto un tipo distinto. Un sujeto frío, algo duro en su trato y en sus maneras. Frío fue precisamente como me agarró: no me esperaba algo así. Sólo atiné a responderle: "Así es la vida". Me dió pena reconocer que nuestra larga amistad empezaba a diluirse, pero -una vez más- entiendo que así tienen que ser las cosas. Nothing lasts forever/even cold November Rain.

Creo que todo mi desánimo -en líneas generales- viene por el hecho de que creo en que hay algo más allá. No todo puede ser tomar unos tragos, ir a Barranco con la gente, invitar a alguien al cine, hacer el amor (o jugar a hacer el amor) Tiene que haber algo más. Algo más que chelas con los amigos. Algo más que tirar como si el mundo se fuera a acabar (lo cual parece, no tomará mucho tiempo en suceder) Me niego a pensar que la vida es sólo eso, y de ser así, me siento estafado.

Todo se resume en eso: esta noche me siento estafado.

Presiento que, cuando lo leas, todo esto te causará gracia. Canalla o no, es bueno para mí escribir con la esperanza de que me leas de reojo. Qué chucha si piensas: Este huevón sigue siendo el mismo de siempre...

Te equivocas, estoy peor que antes.

Un beso




m12