En la radio suena Fórmula - Volumen 2, el último álbum de estudio del popular King of Bachata, Romeo Santos, quien está próximo a cerrar su gira mundial en New York, su ciudad natal. Sin duda será un día especial para el cantante. Hoy, sin embargo, es un día especial para la chica que está al volante cantando las canciones del bachatero a todo pulmón. Mayra tiene 29 años, y maneja nerviosamente su auto atravesando el zanjón. Nerviosa en parte porque ha salido un poco tarde de su trabajo; y sobretodo por una sencilla y poderosa razón: Debe llegar a tiempo a su fiesta de cumpleaños.
Fiesta sorpresa, debería añadir. Mayra se dio cuenta fácilmente de que algo se tramaban sus amigos ya que es bastante curiosa por naturaleza, y no le fue difícil encontrar abierto el Facebook de un compañero de oficina, junto con la invitación a la fiesta organizada por su mejor amiga, Daniela. La misma Daniela que viene torturándola hace media hora vía Whatsapp. El mensaje es para que antes de llegar, Mayra pueda darse un saltito para comprar unos piscos porque huevona, me acordé de to-do menos del pisco, y como sabrás a mi me salen unos chilcanos buenazos/Aparte, ¿no quieres emborrachar al cuerazo ese de tu oficina que he invitado?/Está reconfirmadísimo que viene ah.
Daniela había invitado a todos los amigos del trabajo de Mayra que pudo encontrar, incluído Rodrigo, asesor de ventas que había entrado a la empresa hacía tres semanas. Mayra no había logrado conversar mucho con él como para querer entablar una relación de naturaleza romántica, pero para ser honestos, quería agarrárselo con lengua y contra la pared. Quizá sólo eso. Quizá alguito más. De cualquier modo, más valía darse prisa con la compra de los tragos porque nadie en ningún rincón de la ciudad quisiera manejar por la Avenida Javier Prado a partir de las seis de la tarde. Es una tortura que bien debería implementarse en cursos sobre el control de ira.
Mayra se detiene en el market de un grifo cercano, Se dirige directamente a la sección licores y escoge dos botellas de pisco acholado sin fijarse en el precio. Llega apresurada a la caja, que gracias a todos los dioses está vacía.
-Buenas tardes.
-Bienvenida a Retrox, señorita. ¿Va a cancelar con tarjeta?
-Sí. Visa, por favor.
-Uy, señorita. Lo que pasa es que ahorita no tenemos sistema para Visa.
-Bueno entonces con Mastercard.
-Tampoco hay para Mastercard, disculpe usted.
-Bueno, ¿para qué tarjeta tienen sistema?
-De momento para ninguna, señorita, disculpe usted.
Mayra piensa que están haciéndole una broma de mal gusto. Se controla.
-Menos mal que me alcanza el efectivo.
-Pucha, señorita.
-¿Pucha, qué?
-Es que son cien soles. ¿No tendrá billete más chico?
-Es un grifo, se supone que ustedes tienen todo el sencillo del mundo.
-Sí, pero ahorita se llevaría todo el sencillo de mi caja. Y ya acaba mi turno, y no puedo dejar la caja sin sencillo.
La concha de su hermana, piensa Mayra. ¿Puede haber gente así de conchuda realmente? Esta chica quiere que le resuelva sus problemas existenciales. De repente me manda a cambiar el billete también.
-Disculpa, ¿no le podrías decir al chico que echa el gas que te cambie? Justo está atendiendo a un taxista, mira.
-Bien pensado, señorita. Ahoritita regreso.
Luego de trece minutos, regresa la chica del market con el sencillo en la mano, y con su teléfono en la otra
-Disculpe la demora, señorita, pero bien guapo era el joven del taxi, hasta me pidió mi número.
-Ya veo. Bien por ti.
-Uy sí. Guapo estaba. Aquí tiene su vuelto. ¿No desearía llevar la oferta de Red Bull?
-Métetelo al poto, puta.
-¿Cómo dijo, señorita?
-Que sólo lo tomo cuando estoy en ruta. En carretera. Sino me choca. Gracias, igual.
-Gracias por comprar en Retrox, señorita.
Corriendo al auto, Mayra ojea su reloj y piensa que está perdida. Ha perdido alrededor de media hora, y haciendo un cálculo veloz, hay poca esperanza de poder cruzar la Javier Prado antes de hora punta. De todos modos, no hay peor lucha que la que no se hace. Confiando en su suerte, se lanza a enfrentarse al tráfico limeño, o a morir en el intento.
Tan solo pasaron diez minutos para que empiece el infierno de los atolladeros. Y de los semáforos. Y de los buses que quieren meterse entre los carriles como serpientes selváticas. Y es entre el sonido de mentadas de madre lejanas y cláxones por doquier, que logra distinguir que su teléfono suena. Es Daniela. Mayra piensa que de seguro la llama tan sólo para apurarla, y decide no contestar para no ponerse más nerviosa de lo que ya está. Que no jodan y que me esperen pues, piensa ella, y no hace caso a las insistentes llamadas. A los segundos se cansa de oír el celular sonando, y voltea para lanzarlo al asiento trasero. El teléfono rebota, cae, y se desprende la batería. Me cago, carajo, piensa Mayra, quien no ha medido bien la distancia con el auto de adelante, que acaba de frenar de súbito. Choca.
Baja roja de ira, con la cara ardiendo como si se hubiera intoxicado con el más vil de los rocotos, y la mano recogiéndose el cabello. Se muerde los labios para no mentar la madre. Baja y la ira se transforma en confusión cuando se encuentra con la mirada del chofer del auto de adelante. Detrás de esos ojos rasgados que la miran con desconcierto, y de la sonrisa pícara que se empieza a dibujar, lo reconoce. Es Luchito.
-¡Noooo puede ser! ¿Mayra?
-Hola, Lucho. A los años. Mira cómo nos venimos a encontrar.
-¿Qué es eso de Lucho, con esa cara de velorio? ¿Encima que me chocas no vas a saludar a tu pata con el cariño que se merece? ¡Luchito, tu chinito, mamita! ¡Luchito!
Luchito (The Sexy Chinito, como solía poner en su estado de Whatsapp) había sido compañero de trabajo de Mayra hacía ya algunos años. Criollo y conquistador como pocos, tenía el talento innato de irritar a las mujeres. Las piropeaba. Las acosaba. Les hablaba muy de cerca. Las sacaba a bailar con afán en todas las reuniones que habían, sin importarle el rechazo unánime. Todo un personaje, Luchito.
-Perdón, Luchito. He tenido un día de locos. No me di cuenta.
-Ahorita, así como está el tráfico, no conviene hacer mucho chongo, Mayrita. Ya que los seguros se encarguen, no te preocupes, aparte ha sido leve. Ah, eso sí, me tienes que dar tu número para que luego arreglemos pues, reinita.
-Está bien, Luchito. Coordinamos por ahí mejor. Estoy un poco apurada, la verdad.
-Un ratito pues, reinita. Vamos a tomarnos un selfie por los buenos tiempos, acá con los carritos chocones, jajaja.
-Okey, Luchito.
-¡Ahí está! Espérame para publicar la foto. Mira, mira, le puse de leyenda "Choque pero sin fuga" ¿qué tal? Uy pero..espera, espera. Aquí estoy viendo que hoy día es tu diablo. ¿Es verdad?
-Sí (suspirando y a punto de estallar)
-Entonces esto no es más que una señal de la vida misma, Mayrita. De repente este pechito es tu destino. Dime, ¿dónde va a ser el tonazo?
-No se bien la dirección, Luchito. Te mensajeo llegando para dártela. Ahora te dejo porque en verdad me están esperando. Ya hablamos.
-Cuídame todo eso ah, jaja. Una bromita pues. Ah, y señales del destino, Mayrita, señales del destino no te olvides. Ya hablamos, reinita mía.
Mayra se metió a su auto abollado y arrancó de inmediato, asqueda. Tomó una nota mental: cambiar de número teléfónico mañana mismo.
Cuando Mayra por fin llega a la reja de fuera de casa de Daniela, logra escuchar una bulla ensordecedora. Sin duda la fiesta ya empezó, y empezó hace mucho rato con ausencia de la festejada. Se siente un poco cojuda ahí parada, transpirada, con la bolsa de los piscos en la mano. Toma aire, y decidida a dejar todos los momentos tensos del día atrás, avanza firme hacia la puerta que está entreabierta, pero su fugaz optimismo se va al tacho rápidamente a la vez que sus ojos se abren al límite de su capacidad.
Es Rodrigo. Su Rodri. Wata Negue Consup. Bailando con su mejor amiga. Yupi pa ti, yupi pa mí. Bailando y cogiéndola de la cintura. Luli Rwami Wanaga. Bailando Sopa de Caracol (¡Hey!) en su propia fiesta y en apretujado trencito. Es demasiado. Mayra aprovecha que nadie la ha visto para salir del lugar a toda velocidad. Cuando arranca el auto siente algo que le corre por la mejilla, y al verse la mano se da cuenta que es su maquillaje: Está llorando.
Llega a casa y asegura la puerta con llave. Mira el buzón por si acaso, pero no hay novedades. Ya en su cuarto decide ver alguna película en televisión. Ha apagado los teléfonos y piensa: Qué huevón Rodrigo si se quiere afanar a Daniela, porque ella se aburre rápido de sus conquistas. Aparte, tiene una teta mucho más chica que la otra. Sonríe. Pese a que ha sido un día de aquellos, ha elegido reírse porque recuerda que la vida es una serie de eventos desafortunados, y que no perdona ni el día de tu cumpleaños. Cuando sale de sus pensamientos se da cuenta que su gato la busca, ella lo carga, y le da un beso largo. Se siente afortunada en medio de todo. Al menos hay alguien que sí le muestra cariño, honesto y real, cariño desinteresado.
A los pocos segundos, el gato le muerde la boca.
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